¿Madres siempre disponibles?

Hay un cansancio que no siempre se ve, pero pesa. No es solo físico: es mental. Es ese hilo fino de atención que el móvil estira y estira hasta que nos deja sin espacio propio.

Porque hoy no solo trabajamos y cuidamos: estamos disponibles. Para el trabajo, para la familia, para el cole, para el grupo de madres, para el WhatsApp de la comunidad, para la amiga que necesita desahogarse, para el “¿tienes un minuto?”. Y ese minuto se repite diez, veinte, cuarenta veces al día.

Y encima, en medio de todo, la sociedad nos dice: “cuídate”.
Como si cuidarse fuera una tarea más en la lista.

La trampa: que lo urgente se coma lo importante

El móvil convierte todo en urgente:

  • una respuesta rápida,
  • una gestión de última hora,
  • un audio que “solo son 30 segundos” (y luego son cinco audios),
  • un mensaje que te deja la cabeza encendida justo cuando por fin ibas a descansar.

Y así, el autocuidado queda para “cuando se pueda”. Pero si el autocuidado siempre va al final, muchas veces no llega.

Desconectar no es egoísmo: es poner límites para seguir

Desconectar no es desaparecer, sino decir:

  • “Ahora no.”
  • “Esto no me toca hoy.”
  • “Mi descanso también cuenta.”

Y es que hay un límite que muchas necesitamos recordar, o al menos para mí es mi asignatura a veces pendiente: no tenemos por qué vivir con el cuerpo en alerta.

Y sí, a veces da culpa, porque nos han enseñado que una “buena mujer” es la que está disponible, la que resuelve, la que sostiene. Pero la disponibilidad eterna no es amor: es desgaste.

Tres señales de que el móvil te está robando descanso

  • Te cuesta “bajar” aunque estés en casa.
  • Sientes que si no contestas, decepcionas o “quedas mal”.
  • Coges el móvil para una cosa y te pierdes 20 minutos sin darte cuenta.

Si te pasa, no es que te falte fuerza de voluntad. Es que tu sistema está saturado.

Pongo límites para

cuidar mi sistema nervioso

Pequeños límites (realistas) para cuidarnos

No vamos a proponernos una vida ideal de retiro en silencio. Vamos a proponer límites posibles.

1) Una franja diaria sin mensajes (aunque sea corta)

10–20 minutos al día donde el móvil no manda.
Mientras desayunas. Antes de dormir. Al llegar del trabajo. Lo que sea, pero fijo.

2) Respuestas diferidas sin explicación

Podemos practicar frases sencillas:

  • “Ahora no puedo, te contesto luego.”
  • “Lo leo mañana.”
  • “Gracias, lo reviso en otro momento.”

No debemos justificar cada límite para que sea válido.

3) “Modo descanso” como acto de autocuidado

Silenciar notificaciones no es ser antipática. Es protegerte.
Tu descanso es una necesidad, no un premio.

4) Un acuerdo en casa (si convives) para repartir la carga digital

Porque muchas veces el móvil también es gestión invisible:

  • citas,
  • grupos,
  • recordatorios,
  • colegio,
  • agenda familiar.

Poner este desgaste en palabras y repartirlo

también es autocuidado.

Las madres no tenemos que hacerlo perfecto

Hay días en los que desconectar parece imposible. A mí me pasa igual, entre los mensajes del trabajo, del colegio, de las familias… Pero incluso ahí, una semilla pequeña sirve:

  • un minuto de respirar antes de abrir WhatsApp,
  • una notificación menos,
  • un “no respondo ahora”.

No es todo o nada. Es volver a ti, poquito a poco.

    Mujer Semilla ~ Blog: Trabajo Social arte y emociones

    Aun así, este tema es muy íntimo y no siempre es fácil marcar límites.

    Lo importante es que no nos sientamos solas, sentir que nos comprendemos mutuamente. 

     ¡Lo hacemos lo mejor

    que podemos!

    Desconecto para cuidarme

    Suscríbete al Boletín

    para recibir ideas inspiradoras con las que nutrir tu vida

    Regalo de bienvenida

    Como regalo de bienvenida te enviaré el libro “Las Lubinas que Aprendieron por Amor”, un relato autobiográfico desde la creatividad, que pretende conectar con el corazón de otras mujeres que viven o vivieron relaciones amorosas insanas.

    Porque el patriarcado nos ha modelado desde la desconexión con nosotras mismas, pero sanar juntas, entre iguales,  es nuestra fuerza de transformación.

    Cada dos meses escribo con mucha ilusión el Boletín de Mujer Semilla, donde al creerla imagino que comparto un té con las mujeres a las que acompaño, amo y admiro.

    Los temas que me mueven y que me apetecen compartir son muchos, así que cada vez será algo diferente: aquí los puedes ver

    Este boletín es un servicio gratuito que conecta a muchas mujeres, porque vivas nos queremos y unidas nos necesitamos.

    .